Tahar Ben Jelloun,

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Día de silencio en Tánger ("Jour de silence à Tánger") es una pequeña novela escrita por Tahar Ben Jelloun dedicada a su padre. Cuando digo que es pequeña no me estoy permitiendo ninguna licencia, es que es muy breve. Tiene apenas noventa y una páginas. En mis manos gracias a Ediciones Península (nº 26, traducción de Alberto Clavería en 1990), y a uno de mis mejores amigos que tuvo el gusto de regalármela (tras reiterados y nada preparados olvidos por mi parte). Días antes de entregármela, me envió un sms al móvil diciéndome algo como:

"¿Qué te parece una novela que comienza así? `Ésta es la historia de un hombre embaucado por el viento, olvidado por el tiempo y desdeñado por la muerte.´."

Tahar Ben Jelloun, escritor nacido en Fez, Marruecos, en el año 1944. Se trasladó a París en 1967 tras estudiar filosofía en Rabat, y colabora regularmente con el periódico Le Monde. Comenzó escribiendo poesía y sus primeras selecciones se publicaron bajo los nombres de "Cicatrices del Sol" y "El discurso del camello"; dicen de él que alarga tanto la palabra hasta quien la recibe, mientras la mezcla con las bellísimas tradiciones árabes con que construye sus historias, que éstas cobran voz y pasan de la suya a la de sus lectores. Entre sus novelas más conocidas están La Noche Sagrada (premio Goncourt 1987 --galardonado con 50 euros, como es la tradición de este premio desde su creación en 1903-- primer escritor magrebí en obtener este logro) y Los naúfragos del amor. El pasado mes de junio recogió en Dublín el galardón de la multinacional IMPAC, por una novela publicada hace tres años llamada This Blinding Absence of Light (cuyo título original francés es "Cette aveuglante absence de lumiére", y que en España titularon: "Sufrían por la luz", dotado con 100.000 euros a la mejor novela de ficción escrita en inglés o traducida a este idioma).

La ciudad de Tánger está ligada a la Literatura por otros autores españoles como Juan Vega "El último verano en Tánger", Ángel Vázquez, "La vida perra de Juanita Narboni" (Premio Planeta), Joaquín Calvo Sotelo "Tánger", o Ramón Buenaventura "El año que viene en Tánger". Son muchos los escritores que se han visto impresionados por las calles, las costumbres y el ambiente de esta ciudad: Daniel Rondeau, Sylvia Eor, Thierry de Beauce, Paul Morand, Paul Bowls, John Hopkins… Y del mismo Tánger, el también escritor Mohamed Chukri ("El pan desnudo", "El zoco chico").

La novela está escrita en las ciudades de Turín-Tánger-París entre mayo de 1988 y marzo de 1989; es una breve descripción del mundo árabe además de una reflexión sobre el sentido de la vida y el paso del tiempo. La muerte está presente en todas las páginas del libro de forma recurrente ("La muerte es un navío llevado por manos de muchachas ni hermosas ni feas que pasan y vuelven a pasar en una casa en ruinas bajo la mirada incrédula y desconfiada de quien con mano firme rechaza esta imagen."), acompañando de la mano a quien se pasea por sus páginas, hasta el dulcísimo final. Una narración intimista salpicada de recuerdos en primera persona, desde los ojos de un anciano enfermo que teje con ellos una hebra por la que caminan sus amistades, sus parientes, su gran amor Lola ("Lola se presentaba de vez en cuando, siempre de improviso. En cuanto la veía, bajaba la persiana de la tienda vigilando las miradas indiscretas de los vecinos envidiosos. Le gustaba mucho acariciar largamente los pequeños pechos suaves y cálidos de Lola. Ese recuerdo se mantiene todavía vivo e incluso abrasador. En su rostro, una sonrisa de satisfacción y de nostalgia confiere un poco de luz al largo día") y casi todos sus seres queridos, ya muertos, acompañándole hacia su propio final donde el ovillo acaba por embrujar a unos afortunados lectores que acaban irremediablemente bañados por un Viento del Este al que se hace mención repetidas veces durante el transcurso de la novela ("El viento. Ése es el enemigo. Procede de ese hueco que hay entre el extremo sur de Andalucía y el extremo norte de Africa. Se dice que es del este. También se dice que se levanta a la vez que el sol pero que no tiene hora para pararse. Al llegar a Tánger se pone a dar vueltas sin saber por dónde salir. Por otra parte dicen los rumores que, si llega en viernes, exactamente a la hora de la oración del mediodía, los santos de la ciudad lo retienen por lo menos siete días y siete noches. Hay quienes hallan en él virtudes higiénicas, pues al parecer limpia la ciudad y pone en fuga a los mosquitos y a los microbios, sobre todo a los que no se ven a simple vista. Se los lleva consigo y los arroja al mar. De modo que si el Estrecho de Gibraltar está solucionado, ello se debe al viento del Éste, que arroja allí los virus.") que no deja de dar vueltas sobre la habitación del moribundo mientras se debate entre los recuerdos, el presente y una bronquitis que acabará con su vida.

Fragmento:

"Es preciso que deje de pensar. No voy a pensar más. Voy a hacer el vacío. Lo expulso todo de mi espíritu: las espinas amenazadoras y mis obsesiones. El viento es menos recio. Con todo, ha conseguido abrir la ventana y la puerta. Me levanto. El viento ya no es húmedo; incluso es agradable; es un viento cálido que viene del norte. El cielo está despejado. Ha cambiado de color. ¿Adonde se ha ido todo el gris? El cielo es azul. Hace buen tiempo. Estamos en verano. Es la hora de la siesta. Hay poca gente en la calle. Bajo por la calle Quevedo. La luz es demasiado fuerte. Cierro los ojos. Pasa una chica joven en bicicleta. El viento le hincha la falda y juega con su cabello rubio. Veo sus piernas. Son magníficas. Me sonríe. Me paro y espero. Da media vuelta, baja de la bicicleta y viene hacia mí. No digo nada. Su sonrisa me intriga. Ese rostro no me resulta extraño. ¿Dónde lo he visto? Quizá no sea más que una imagen, una aparición de la que emanan una gracia y una luz que me encantan y atontan. No es un sueño. Siento la suavidad del viento en mi rostro y oigo un canto lejano. ¿Esto es dejar de pensar? ¿Tener el espíritu liberado de todo lo que le estorba y le hace daño? No digo nada. Ella me ofrece la bicicleta. Está completamente nueva. Monto intentando no perder el equilibrio. No me cuesta mantenerme derecho. La chica joven se pone ágilmente entre la silla y el manillar. Mi cabeza se apoya en su hombro izquierdo. Tengo su cabellera sobre la cara y rodamos por un prado inundado de luz y de espejos."

Una novela pequeña que aprieta con sus bracitos a quien la sostiene. Muy recomendable.

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www.lacentral.com/wlc.html?wlc=31&seleccion=68
www.dafina.net/ tanger_en.htm
www.espiegle.org/ agence/rubriques/tahar.htm
www.globenet.org/.../ rubriques/ben_jelloun.html

Miércoles, 29 de Diciembre de 2004 17:34. [ + ]. Tema: Retales sueltos.

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